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mestizo
Bilbao. Almacén de
ficciones Edición Alberdania para el Ayuntamiento de Bilbao. Recopilación de María Bengoa y Pedro Ugarte.
Mostraba una imagen
en blanco y negro de la madrileña Puerta del Sol, y no comprendí su interés
hasta que miré al dorso: una palabras apenas legibles anunciaban que "el
regalo prometido" había salido, vía correo ordinario, la víspera; un par
de apresurados garabatos cerraban la carta con cariñoso desparpajo. La postal
estaba fechada en Madrid el cuatro de julio de 1936 y la firmaba Federico
García Lorca. Manuel me mostró
entonces el misterioso regalo. Se trataba de un poema compuesto por Federico para
él: las hermosas palabras manuscritas, que cantaban entre el ensueño y la
ilusión la apasionada relación amorosa iniciada por ambos en aquel primer
encuentro de noviembre de 1934, llenaban aún de íntimo orgullo la mirada del
anciano: el poema era su único tesoro; el amor de Federico, su mejor
recuerdo. |
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Aquella noche, cuando
regresábamos a la ciudad, Pilar me confesó que seguía ignorando si la
relación con el poeta había sido real o se trataba de una invención de la
mente fantasiosa de su tío; pero lo cierto era que Manuel, durante toda su
vida, se había torturado y seguía torturándose con la misma obsesión:
Federico, aseguraba, realizó el fatídico viaje último a Granada para reunirse
con él. Y el agobio de la culpa había goteado desde entonces sobre su
corazón. A pesar de su
dramatismo, la historia no me servía y no hice uso de ella. Pero tampoco la
olvidé, y tiempo después se la conté a un estudioso de Lorca que insistió en
realizar un estudio grafológico: sabríamos así si la postal y el poema habían
sido escritos o no por Federico. Llamé a Pilar Melgar. -Por mí te daría el
permiso encantada -me dijo desde el otro lado de la línea-, ya sabes que
siempre he tenido curiosidad por saber la verdad. Pero mi tío murió a
principios de año, y enterré con él el poema y la postal. Fue su última
voluntad, y me hizo prometer que la respetaría. Colgué el teléfono, impresionado por la determinación del anciano. Fuese cierta o inventada su historia de amor con Federico, Manuel Melgar le había sido fiel hasta la muerte. Hasta más allá de la muerte. Descanse en paz.
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| última modificación 25/06/2007 |